Crear confianza en nuestra sinceridad

Escrito el 19 Junio, 2007 por Consultora Dejavu en la(s) categoría(s) Educación, Entrenamiento

trust

 

Nuestras intenciones no son visibles pero nuestras acciones hablan de ellas: permiten que otros hagan evaluaciones fundamentadas de nuestras intenciones.

Normalmente actuamos comunicándonos con otros. El propósito de nuestras acciones no es nuestro propio yo sino que estriba en otros: producimos acciones con otros, gracias a otros y para otros. Interactuamos comunicándonos con otras personas. Damos información, hacemos evaluaciones, tomamos decisiones, hacemos pedidos y ofertas, prometemos, preguntamos y respondemos etc. El comportamiento que acompaña a nuestras acciones comunicativas habla de nuestras intenciones.

Si demostramos la veracidad de la información que damos, mostrando las fuentes de nuestros datos, producimos la evaluación que somos sinceros: mostramos que creemos en los datos que entregamos. Si prometemos algo y, llegado el momento, cumplimos con lo prometido, gatillamos la evaluación de que fuimos sinceros al prometer: que prometimos con la intención de cumplir. Si hacemos una evaluación de alguna situación o de alguna persona y comunicamos los fundamentos en los que basamos esa evaluación, creamos una interpretación de que somos sinceros: creemos en la evaluación que comunicamos y nos comportamos de manera consistente con ella. Con los pedidos que hacemos pasa algo similar. Si apreciamos los pedidos que nos cumplen, gatillamos la evaluación que fuimos sinceros al pedir: efectivamente deseamos lo que solicitamos. Pasa algo semejante con las decisiones que comunicamos. Si nuestras acciones posteriores son consistentes con esa decisión, ella es interpretada como un acto sincero: tenemos la intención de ejecutar y hacer efectiva dicha decisión.

Cada vez que comunicamos algo, los demás interpretan que asumimos un compromiso: que nos guiamos por lo que comunicamos. Creemos en la información que damos, creemos en la validez de la evaluaciones que hacemos, necesitamos lo que pedimos, tenemos la intención de cumplir lo prometido y de ejecutar la desición tomada. Si cumplimos con estos compromisos, gatillamos la interpretación que somos sinceros. Que no hay nada oculto en nuestras intenciones.

Si nos comportamos generalmente de esta manera, produciremos confianza. No se dudará de nuestras intenciones y los demás con quienes nos comunicamos e interactuamos harán la evaluación que somos confiables. Que se puede contar con nosotros y con los compromisos que tomamos.

Pero la confianza es siempre una interpretación que proyecta hacia el futuro nuestro comportamiento en el pasado. Nada obliga a nadie a mantener ese comportamiento y podemos destruir confianza en cualquier momento. La confianza es un capital trabajosamente acumulable y fácilmente evaporable.

Tomado del blog de Mario Valdivia.

 

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