Es curioso cómo a través del tiempo se han ido modificando los espacios de trabajo.
Miremos, por ejemplo, las oficinas en general, tan lejanas hoy de aquellas caricaturas que aparecen en las películas de los años cuarenta o cincuenta, donde uno de los logros de juego era llegar a obtener, alguna vez, la llave del baño de los ejecutivos.
La transformación de los espacios es una manera de apreciar la transformación de las prácticas que ocurren en esos espacios. Así, cuando observamos los espacios en que los médicos practicaban complicadísimas intervenciones quirúrgicas para su época, por ejemplo, evolucionar hasta transformarse en asépticas salas donde se efectúan los By-pass coronarios, donde se reemplazan caderas por prótesis de titanio y donde, en general, los médicos se mueven como si estuvieran en una película de ciencia ficción, lo que observamos es la transformación de la práctica de la medicina.
Pero, ¿qué pasa con la educación?
Al observar una sala de clases no es posible identificar diferencias significativas con las salas de hace cien años. Es decir, que todavía lo normal es encontrarse con cierta disposición de bancos escolares, una pizarra y un profesor dedicado a repetir contenidos y a aburrir a sus alumnos.
Existen excepciones, por supuesto. Pero, en general lo que ha permanecido inmutable son las prácticas asociadas al arte de educar a otro. O sea que, en general, seguimos educando como si el mundo no hubiese cambiado en nada durante los últimos cincuenta o cien años.
Pues bien, finalmente algo ha comenzado a moverse, una nueva disposición quizás, o la convicción de que no podemos separar la educación de una interpretación acerca de las transformaciones y naturaleza del mundo que nos rodea.
Hacia dónde se va a encauzar este movimiento es algo que dependerá, finalmente, de todos nosotros.
A continuación, una mirada al trabajo que desarrollan algunos establecimientos a partir de las posibilidades que les brinda el proyecto Enlaces.
Que lo disfruten.
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